yarak

Yarak

Yarak es un águila de Harris. Torzuelo (macho). De crianza parental. Esto es: de pequeño ha vivido con sus padres, en una muda. No es troquelado. Esto quiere decir que no se ha imprimido con el hombre. No nos ve como un igual.
A mi me gustan más así. Siempre sigue siendo un águila, salvaje, con su carácter indómito.
Estas aves en estado salvaje viven en sudamérica. Y son gregarias. Los hijos se quedan con los padres y cazan juntos, en grupo. Es una de las rapaces más sociables. Pronto pasas a ser su compañero.
Yarak, además, ha salido con carácter. Es bastante territorial y en su percha hay veces que se te come vivo...je,je.
Pero es de puta madre. En el campo es un encanto y nos sigue volando en bonitos paseos alrededor de casa.


Biniarroi

¿Como empieza todo? Pues, siempre hemos vivido en el campo, bastante rodeados de animales.
Criamos burros y aves de granja de todo tipo. Y siempre nos han fascinado las rapaces.
Hace unos años, hablando con Isa y con nuestra hija, Gala, decidimos algo: íbamos a adiestrar y a tener una rapaz en casa. Emprendimos un bonito sueño, empezamos a convertirnos en aprendices de  cetreros.
Leimos mucho ...conocimos a algún cetrero, y, poco a poco, fuimos descubriendo este hermoso arte, que penetró en nuestro corazón.
Ahora puedo dar fe: la cetrería es una de las más bellas colaboraciones entre el hombre y los animales salvajes. Te permite el contacto directo con la naturaleza. Como dice Nick Fox: dejas de ser un observador, de verlo todo desde la barrera: estás realmente en la fiesta.

Y llegó el momento de encargar nuestra ave: un águila harris, torzuelo, de crianza parental y buena línea...
Eso fue en Agosto 2011. Recuerdo esos dias,  mientras preparábamos todo, como algo muy especial.  Sentía que estaba a punto de ocurrir algo importante.
Una mañana, bajo a Maó, a MRW, a buscar a Yarak. Como un sueño...
Lo que sentí al abrir el transportín y sacar un águila, subirmela al puño, ponerla en su banco, en la sala...uf....
A partir de ahí, este animal pasaría a ser muy importante en nuestra vida. Yo, todo el día pensaba en él. En el curro, no veía la hora de volver a casa, para darle picaditas, cogerlo en el puño, irnos conociendo y cogiendo confianza.
Estaba justo empezando una de las épocas más bonitas y emocionantes de mi vida.
De hecho, estaba a punto de emprender una de las más emocionantes aventuras que se pueden vivir: el adiestramiento de una rapaz.


Yarak recién llegado

Fue todo realmente muy intenso y muy emocionante. Desde los primeros dias.
Al principio se trató de cogernos confianza, de perder el miedo. Tanto de Yarak a nosotros como al revés.
Fue un tiempo de amansamiento. Teníamos, desde el principio, la ayuda y consejos de Carlos Marqués, cetrero santlluisenc de muy larga experiencia.
Le instalamos un banco en la sala, para que se fuese acostumbrando a nosotros. Y nos fuimos conociendo. Yo me convertí, a sus ojos, en el proveedor de comida.
Pronto se acostumbró a saltar al puño. Y vinieron los paseos, los placeos. Cada avance que dábamos me parecía un gran logro. Enseguida daba saltos al puño a dos, tres, cuatro metros..
Hubo un momento en que cambió el chip y dejó de ser un animal nervioso y asustadizo. Poco a poco, fue creando un cierto vínculo conmigo. Me convertí en alguien en quien podía confiar. A mi me tenía fascinado.


Los primeros días ya mostraba su carácter

Cuando ya saltaba rápido al puño empezamos con los saltos con fiador en el campo. Le hicimos llamadas a 10, 20, 30 metros.. aumentando la distancia... hasta el dia que decidimos quitarle el fiador y volarlo suelto.
Desde entonces, Yarak vuela libre y es uno más de casa.




Yarak me reconoce como su adiestrador. Podríamos decir que soy su compañero.
Bueno, ahí es donde fallo un poco. Me explico: yo debería ser su ayudante en la caza.
La cetrería trata de eso: es el arte de adiestrar rapaces para cazar. Y yo nunca he sido cazador. Estas aves necesitan cazar para estar bien equilibradas.
Lo que sí hemos hecho son escapes de paloma: le hemos soltado palomas que ha capturado. No es caza real, son escapes. He salido de caza con Yarak (y fue muy bonito: voló en copla con Joquina, el águila de Arcadio) pero no hubo suerte. También nos pasa que en Menorca hay poco conejo, su presa natural.
Volamos con placer los alrededores de casa. A veces le vamos llamando al puño: por ejemplo, vamos caminando, Isa y yo y nos vamos separando hasta unos 100 metros. Le vamos llamando y vuela de uno a otro. Otras veces salgo sólo con el, a toro suelto: esto es, voy paseando y yarak vuela siguiéndome. Su peso de vuelo son 650.


La recompensa tras el vuelo: un sabroso bocado de rata. Mmmm


La mirada salvaje



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